domingo, 1 de marzo de 2009

Artículo de El País del 19 de enero 1987

"El juicio por la matanza fascista de 1980 comienza hoy en Bolonia

JUAN ARIAS - Roma - 19/01/1987

El juicio sobre el más sangriento de los atentados que ha conocido Italia comienza hoy en Bolonia. El 2 de agosto de 1980, la explosión de una bomba colocada por extremistas de derecha en la estación de ferrocarril de Bolonia causó la muerte a 85 personas y heridas a 200. Tras años de incertidumbre, polémicas, inaniobras de los servicios secretos y enfrentamientos entre los propios jueces, se sientan en el banquillo -por primera vez en un proceso sobre terrorismo- no sólo los éjecutores materiales del atentado sino también sus inspiradores. Y, con ellos, cuantos, en los entresijos del poder oculto, utilizaron el atentado con fines políticos. Faltarán sin embargo, los responsables del tercer nivel, es decir, los políticos que permitieron que se pudiera cimentar un poder paralelo al Estado.Los acusados que hoy se presentarán ante los jueces son 19. A ellos habrá que añadir, en la próxima vista, el último y quizas más importante de todos: Francesco Pazienza, que había organizado unos servicios secretos paralelos para ayudar a Licio Gelli, gran maestro de la logia seudomasónica P-2, en sus fines de desestabilización y que, cuando éste fué encarcelado, tenía que haberle sustituido.

Según el fiscal, los autores materiales del atentado fueron los recién casados Giusva Fioravanti y Francesca Mambra, del NAR (Núcleos Armados Revolucionarios) junto con otro fascista, Sergio Picciafuoco, que resultó herido. Peto en el banquillo estarán hoy también los ideologos neofascistas Paolo Signorelli, Massimiliano Facchini y Roberto Rinani. Y entre los acusados de lujo figuran Licio Gelfi, aún fugitivo, y dos altos oficiales de los servicios secretos, miembros también de la P-2: el general Pietro Musumeci y el capitán Giuseppe Belmonte.

Los jueces han llegado a la conclusión de que la matanza fue dirigida y buscada por la P-2 como punto máximo de desestabilización, para preparar un golpe blanco, y que fueron Gelli y sus servicios secretos quienes fingieron un atentado organizado por terroristas internacionales en la línea ferroviaria Roma-Bolonia para desviar las investigaciones de los ambientes fascistas."

Y otro artículo de 1986:

"Gelli dirigía los servicios secretos italianos cuando ocurrió la matanza de Bolonia

JUAN ARIAS, - Roma - 17/06/1986

Licio Gelli, ex maestro venerable de la logia secreta seudomasónica Propaganda 2 (P-2), y actualmente en paradero desconocido, era el 2 de agosto de 1980, cuando ocurrió la matanza terrorista de la estación de Bolonia, el verdadero jefe de los servicios secretos militares de Italia, según un documento elaborado por los jueces Vito Zincari y Sergio Castaldi.Gelli ha sido acusado por los dos jueces de haber instrumentalizado políticamente, con finalidad golpista, el pavoroso atentado de Bolonia -en el que resultaron muertas 85 personas y otras 200 heridas- y de haber encubierto a los verdaderos culpables neofascistas, intentando echar la culpa a los servicios secretos soviéticos.

El proceso se iniciará dentro de un año, y los acusados están repartidos en tres capítulos. En primer lugar, la asociación subversiva formada por Licio Gelli, el general Pietro Musumeci y el capitán Giuseppe Belmonte, que formaban parte entonces de los servicios secretos militares (SISMI).

Se les acusa de haber creado una estructura paralela dentro de los servicios oficiales presidida por Gelli, a quien podían llamar desde fuera de Roma al teléfono 475 93 47 de la capital, que era un teléfono secreto del SISMI. Acusado de pertenecer a la misma banda o asociación subversiva figura también, entre otros, el neofascista Stefano delle Chiaie.

A otro nivel, están los acusados de formar una banda armada, entre los que se encuentran tres extremistas de derecha que, según los jueces, estaban presentes en la estación la mañana del atentado: Valerio Fioravanti, Francesca Mambro y Sergio Picciafuoco.

Y, finalmente, están los acusados de haber llevado a cabo materialmente el atentado: Paolo Signorelli, Massimiliano Facchini, Roberto Rinani, Giusva Fioravanti, Francesca Mambro y Sergio Picciafuoco.

El proceso se instruirá "por indicios", ya que no existe en realidad ninguna prueba contundente de la participación de todos estos individuos en el atentado de Bolonia.

De lo que no cabe duda es de que el gran acusado es Licio Gelli, con su logia P-2, en la que figuraban en aquel momento los tres altos cargos de los servicios secretos y militares italianos. Él mismo era un agente secreto, como han probado los jueces.

Las intenciones de Gelli y los suyos al organizar o instrumentalizar y guiar los atentados neofascistas de entonces eran las de preparar un golpe blanco para adueñarse de los puestos claves del Estado, dando un revolcón a las instituciones democráticas del país. De ahí que intentase desviar las investigaciones hacia los servicios secretos soviéticos.


El atentado contra el Papa

Las conclusiones de los jueces de Bolonia pueden ser además muy importantes por otro motivo: es posible que abran una pista nueva sobre el atentado contra el papa Juan Pablo II, cuya responsabilidad se intentó hacer recaer también sobre los servicios secretos búlgaros y soviéticos, y del que siempre se sospechó que pudo haber estado manejado por miembros de los servicios secretos desviados por el general Musumeci y la logia P-2.Existe, en efecto, un episodio muy singular al que no se había dado hasta ahora mucha importancia, pero que podría adquirirla tras las revelaciones de los jueces de Bolonia. Durante una de las investiduras de la logia P-2 por parte de Licio Gelli, en el hotel Excelsior de Roma, contó el entonces ex jefe de prensa del partido socialista Piero Nistico que, tras el juramento, Gelli le había enseñado unas fotos del papa Wojtyla desnudo. Ante el asombro de Nistico, Gelli le dijo: "No tienes que sorprenderte, es sólo un problema de servicios secretos, y si ha sido fácil obtener estas fotos piensa lo fácil que sería dispararle al Papa".

El episodio se produjo sólo unos meses antes del atentado en la plaza de San Pedro, y en aquel período se acusaba al Papa polaco de haber vuelto a condenar a la masonería, cuando su predecesor, Pablo VI, había abierto la mano en este campo.

Entre las muchas confesiones que Alí Agca hizo durante el proceso de Roma, una fue que los servicios secretos paralelos controlados por Licio Gelli le habían prometido la libertad a cambio de que echase la culpa del atentado a los países del Este comunista."

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